(Hay quienes reconocerán estas palabras) «Qué fácil es escribir algo que invite a la acción: contra tiranos, contra asesinos, contra la cruz o el poder divino».

Había pensado miles de posibilidades, y temas sobre los cuales escribir una nota, algo que quizás invitara a alzar las manos, levantar la voz, o simplemente a manifestar un disgusto o indignación, y nada venía a la mente, hasta que de repente, para quienes sabíamos lo que venía, pero por un momento queríamos desconectarnos; las redes sociales, los canales de noticias, emisoras de radio y demás medios de comunicación manifestaban desde sus diferentes puntos de vista o mejor dicho, puntos de interés, las manifestaciones, y reacciones en cadena a partir de la reapertura de la Plaza de Toros en la ciudad de Bogotá.

Por una parte, quienes son afines a la mal llamada «Fiesta brava», hablaban en RCN, Canal Capital y demás medios televisivos sobre cómo habían sido agredidos por los manifestantes, sido víctimas del robo de sus celulares, asimismo, protegidos por la fuerza pública, quien los direccionó a un centro comercial cercano; esto acompañado de un titular presuntamente sesgado. Por otra parte, con videos de celulares, testigos oculares, e inundando los medios alternativos y las redes sociales, los presuntos agresores de quienes asistieron a ver el «arte» en la plaza, pero estos con titulares, o mejor dicho, encabezados presuntamente sesgados hacia la otra dirección pues mostraban una protesta pacífica, y posteriormente, presuntas agresiones y abusos de parte del ESMAD.

No quisiera profundizar en un tema el cual pisa callos de las familias más poderosas de este país, asimismo, de quienes han optado por el activismo, quiénes en mi opinión personal, no tienen del todo la razón, pero están totalmente en lo correcto al buscar defender al indefenso.

El pensamiento central que nació a partir de estos acontecimientos, fue el mismo que rodó por mi mente durante las protestas del paro campesino, ese que en el paro de transportadores, aceleró mi corazón, ese que en las protestas universitarias, hace hervir la sangre.

El mismo que se siente al ver que no importa cuán pacífica sea una protesta, siempre, sin importar la administración, gobierno, o mandato que haya en curso se repite una y otra vez. Se criminaliza a quien se manifiesta en contra de las directrices oficiales, y se victimiza a quien las apoya «siempre al alcance de la vidriera y el comedor» pero no al escaparate, alacena o nevera del poderoso, esta criminalización sistemática está al alcance de los muebles de aquellos que se quejan de todo, pero nunca hacen algo distinto para cambiar (quizás suene a estigma, o a generalización) pero soy consciente que no es así del todo, no obstante, sí en la mayoría de los casos; me refiero claramente, a «la caravana en harapos de todos los pobres» (notese que ya el tema está más allá de la tauromaquia) quisiera preguntar: ¿cuántos de los que estuvieron en la marcha fueron reales víctimas del ESMAD?, ¿Cuántos de los asistentes a la plaza de toros fueron reales víctimas de los manifestantes?, podría caer en pecado por intuir que es un porcentaje muy mínimo de un lado, pero lastimosamente, mucho más visible, mucho más impactante, y de mayor recordación.

Pero, ¿por qué esta diferencia tan garrafal? La respuesta es obvia y (ofrezco por anticipado disculpas a quienes se sientan aludidos por este escrito y consideren que no hacen parte de esa multitud a la cual se le hace este jalón de orejas) es porque en la casas de callejuela, esas de personas que viven en arriendo, que ganan el mínimo o menos, e incluso de quienes tienen subsidios, es común ver que haya más televisores, sin importar si son de última generación o la caja gorda prehistórica, que en las casa de los poderosos.

Esto hace que siempre el lobo sea el malo, o mejor dicho, que el lobo se pueda vestir de oveja sin que nadie lo note. Tengamos presente que la única versión válida no es la de caperucita, pero sí tiene más importancia si es la que más se da a conocer.

Puede que el final de este escrito parezca inconcluso, pero no pretendo dar la clave de la existencia, solo pretendo decirle a las personas, que si no quieren seguir siendo atropelladas, violadas en su plenitud, o estigmatizadas por la voz de caperucita, busquen también la versión del lobo, cotejen, y saquen sus propias conclusiones.

También al alcance de la vidriera y el comedor.

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