Imaginemos que los Carnavales en Barranquilla sean realizados en octubre, el de Negros y Blancos de Pasto, en junio, o mejor aún, el día del grito de independencia el 2 de noviembre; no hace falta tener un IQ superior a 200 para saber que sería una falta de respeto con los habitantes locales y nacionales respectivamente para cada fiesta, sin embargo, el caos, la salida (despido) masiva de empleados del distrito, y las nuevas esferas que toman las facultades y cargos administrativos han logrado que el cumpleaños de Bogotá, 478 años desde su fundación el 6 de agosto de 1538, no sea celebrado a plenitud el día seis de agosto como se ha hecho siempre con el desfile de comparsas.

Las organizaciones culturales de la ciudad, quienes ganaron la convocatoria para dicho desfile, que este año tiene como tema principal la «bogotanidad» no recibieron el desembolso para la producción de las comparsas que debía realizar el distrito al momento de entregar éstas los documentos requeridos, ni siquiera en fecha cercana. Este se hizo efectivo solo entre el cuatro y el cinco de agosto, faltando tan solo dos días para el evento. La administración argumentó en reuniones sostenidas con las organizaciones que había sido debido al desorden del cambio de administración y que el desembolso no había sido aprobado por quien tenía la competencia de hacerlo; pero es aquí donde nace la pregunta: ¿qué tan importante es el sentido de pertenencia y la historia de nuestra ciudad para esta administración?; podríamos intuir que no mucho, puesto que si se tratara de un 20 de julio, o cualquier evento de similar envergadura de cualquier otra ciudad, el alcalde mismo, o la cabeza administrativa de turno, ordenaría agilizar el proceso.

Entonces, ¿no se hará desfile este año?

La respuesta no es nada alentadora para los centenares de miles de Bogotanos que acostumbran presenciar el desfile ya sea por la carrera séptima hasta la Plaza de Bolívar o por la 68 hasta el Simón Bolívar; tendrán que esperar hasta el 21, –sí, esa es la fecha-, veintiuno de agosto para ver los desfiles, que sabemos, tendrán un resultado agradable e impactante.

Es decepcionante ver que el comportamiento descuidado, e improvisado de esta nueva administración, tenga como consecuencia la ruptura de una tradición de más de veinte años, asimismo, cómo teniendo los modos de resolverlo, se centraron más en las excusas y en el eterno discurso de culpar a la anterior administración, la cual, si bien no fue perfecta, tampoco fue el desastre que está siendo la actual.

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